viernes, 17 de agosto de 2012

COMO RECOLECTANDO EL TIEMPO...

«Domingo de noviembre gris y templado. Me paseo por los bosques que rodean mi pueblo. Me hundo en hojas doradas y tostadas de abedules, castaños y robles; bajo mis pasos, crujen las hojas muertas. 
   De pronto, a diez pasos de mí, en el sendero, surgen de una espesura tres corzos, un macho y dos hembras. Pardo y tostado el pelaje, bien erguida la cabeza. La visión ha durado una décima de segundo. Me parece haber soñado. El instante mágico ha huido entre mis manos como el agua. 
   Entonces compongo espontáneamente un haiku*. La gota de agua del instante se transforma en gota de cristal. Es como si se «recolectara el tiempo...»


Tres corzos,
cabezas altivas
bajo el viento a todo correr.

El viento que se levanta, el viento vacilante, el viento de primavera. Se nos echa encima rápidamente. Ahí está, en los ojos, en las mejillas y en los labios, en la fresca eternidad del instante.»

(*Haiku, verso articulado en tres partes. Fragmento del libro Los Más Bellos Cuentos Zen).


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