sábado, 16 de junio de 2012

EL HERMANO...

«A Juanito siempre le ha preocupado la puerta fría y vertical del espejo. Ese espejo grande del ropero que hay en la pieza de su madre. El espejo prolonga más allá de la pared, en un espacio inexistente, la habitación. Él mismo aparece viviendo al otro lado, en ese mundo de penumbra y fulgor. Es decir, él mismo no: alguien que se le parece y que usurpa su personalidad. Porque Juanito no puede haber más que uno en el mundo, como hay un solo Baltasar, su abuelo, y un solo Javier, su hermano. Por más que el otro niño del reflejo haga sus mismos gestos y muecas, Juanito desconfía de él. Un día lo sorprenderá con algo imprevisto, dejándolo en ridículo. Mientras tanto, se entretiene en charlar con aquel doble suyo...


–Tú también te llamas Juanito, ¿no?
–Tú lo has dicho: me llamo Juanito.
–Y haces todo lo que yo hago, como si tu ocupación única fuera adivinar mis movimientos.
–Exactamente. Y tú nunca podrás sorprenderme, porque conozco todo lo que piensas.
–Entonces no eres más que un mono.
–Eso es lo que te imaginas tú.


El movimiento de los labios del otro coincide siempre con el de los suyos. Pero dicen cosas distintas. Y se comprenden sin dificultad...


–Tú no puedes hacer una cosa que yo hago.
–A ver... ¿qué cosa tan difícil ha de ser ésa?
–No puedes gritar.
–¿Cómo que no?
–No. ¡Aaaaah...!
–...
–¿Ves? Mi voz la escuchan todos. La tuya no suena.
–Si estuvieras a este lado del espejo me oirías.
–Eres estúpido.
–Y tú, tonto.
–Un día te romperé las narices.
–No te atreves; te pegarían.
–Y lo verás.
–No puedes.


Juanito sabe que no puede y da vuelta la espalda. Presiente que su enemigo lo está observando. Tiene la clara impresión de sus pupilas fijas en su nuca. Torna la cabeza con rapidez y encuentra la cara del otro. Juanito saca la lengua. El enemigo saca la lengua. Juanito abre la puerta y sale. Su enemigo se habrá quedado por ahí, fuera del alcance de su mirada, para aparecer apenas él entre. Conoce ya todas sus tretas y no desconfía de encontrarlo dormido un día. Porque aquel estúpido también sabe dormir. Será divertido verlo llegar con retraso, frotándose los ojos, avergonzado. Hasta ahora no ha tenido una sola falla. Pero ya la tendrá... ya la tendrá...»
(Fragmento del libro Comarca del Jazmín, de Oscar Castro, escritor chileno.)

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